get back

Sweet Loretta Martin thought she was a woman
But she was another man
All the girls around her say she's got it coming
But she gets it while she can...

lunes, 20 de junio de 2011

Mi tercer salida a la calle (La excusa)






A veces se necesita un motivo para salir, sobre todo cuando te sientes encerrada, cuando no soportas la prisión de tu cuerpo y de tu casa, cuando no caves en los zapatos negros y viejos, cuando quieres volar por las calles con el viendo en tus cabellos o cuando tu vida ya no te basta. Sin embargo, en otras ocasiones lo único que es necesario en una excusa, vil, simple, a veces patética excusa. Eso me ha pasado. Mi excusa: uno atuendo nuevo que compré con mi primer cheque.Como siempre el atuendo se arma a partir de los zapatos. Compré unos taconcitosválgame el diminutivo! aunque estos eran del 6, mi pié suele ser 7) rojos con lunares blancos (mi hermana dijo que eran de minie mouse). Entonces busqué ropa que hiciera juego. Sorprendentemente, a pocas cuadras de la zapatería encontré una tienda donde había una faldita roja con lunares blancos (aquí es más lícito el uso del diminutivo, ya que sí es una faldita, digamos una mini con mucho vuelo). En la misma percha de descuentos (falsos, igual estaban bien car
os) había una torerita azul. También me compré una blusa animal print (o animal planet, como algunos suelen llamarlo) de cebra con una flor roja (con lunares blancos) que no vale la pena mencionar aquí, pues no forma parte del atuendo en cuestión.



Aprovechando que por primera vez en... (tal vez por primera vez) tenía dinero suficiente para comprar lo que quisiera, fui a Fabricas de Francia para aprovechar las ofertas de día del padre y compra ropa de caballero (sí las crossdressers también usamos ropa de caballero). Una vez en el probador, con la ropa antes mencionada en la mano, y un espejo enorme (tres encontrados en realidad), tiré a un lado el pantalón que me iba a probar y me puse la ropa de niña. Me quedó muy bien, aunque con piernas peludas y sin peluca o maquillaje no me atreví a salir. Pero ansiaba hacerlo.



Por eso, un día después, preparé todo para salir. Me atavié afanosamente, me maquillé con esmero y afiné detalles, es decir, me puse guapa, y sin pensarlo dos veces salí. Siempre cuesta trabajo el primer paso, pero una vez afuera no puedes detenerte. Tarde me di cuenta que sería el centro de atención no por ser Tv, sino por la minifalda que llevaba. No hay nada peor que ser el centro de atención. Si vistes discretamente recibirás un número de miradas normal, pero si exageras un poco, todos te verán, y si todos te ven alguno se dará cuenta que esa "niña" no lo es.

Para llegar al metro pasé por los puestos de tacos, tortas, similares y co
nexos. Me pareció divertido que un taquero me maulló. Sí, me dijeron gata. Algunas risas por ahí, que nunca sabré si eran por causa mía. En el metro todo normal (creo), lo de siempre, alguno se dará cuenta, algotro no, pero nadie dirá nada. Bajé, salí y caminé. Mucho caminé. Los hombres me miraban,
alguno que otro me pitó, unos me miraban de abajo a arriba pero alejaban la mirada al verme a los ojos (aun no se si sea normal o porque se daban cuenta). Caminé junto al parque de Viveros, en Coyoacán, y me tomé una foto. Ahí fue mi primer triunfo, un hombre me dijo en broma, "si quieres yo te la tomo". Sonreí, el sonrió y seguimos cada quien con su camino. Seguí caminando, atrayendo miradas, aguzando el oído. Unos hombres que pasaban me miraron y creí escuchar después de haber pasado a uno de ellos sorprendido diciendo "¿Era hombre?" o algo por el estilo. Me causó mucha gracia, casi un halago, pues quiere decir que, al menos a la primera impresión, si doy el gatazo.


Seguí y seguí, cada vez más al centro, con más gente. Subí al café. Los meseros se dieron cuenta luego luego, casi estoy segura. De todas maneras subí y pedí, casi sin voz, un capuchino (si
andaba de niña está bien tomar un café de niña). Digo casi sin voz porque no pude fingirla, y tenía seca la garganta, así que apunté la bebida y murmuré roncamente "un capuchino". De ahí en adelante todo fue normal, tres parejas en el café, yo en una mesa leyendo (concentrándome poco y avanzando muy despacio). Terminé algo aburrida, así que decidí escapar. Mi plan era entrar al baño y transformarme, salir despavoridamente. Pero al ir a pagar me di cuenta que estaban todos los meseros en la barra, y yo estaba segura de que se habían dado cuenta que esta Juana era Juan. Pagué y corrí al baño. El de mujeres estaba fuera de servicio, así que entré al de hombres. Y aquí sigue las destransformación; apresurada, sin espejo, sin crema, en 2 metros cuadrados. Tenía dos opciones, cambiarme por completo, es decir, ponerme el pants, comiseta y chanclas que tenía preparado y salir corriendo o dejarme la peluca. Me vi con mi ropa y no me gustó como me veía. Si bien, con la peluca puesta puedes guardar un poco mejor tu identidad,
pierdes la magia.

Decidí radicalizar, lavarme la cara con agua y papel higiénico, guardar como pudiera todo el atuendo (incluyendo bolsa y zapatos) en el morralito que llevaba y salir de chico. Así lo hice. Salí con mis lentes de ciego a toda prisa, atravesando la barra, diciéndole "gracias" al único mesero que aun quedaba, que me miró no se si sorprendido, pero con una historia para el resto de sus compañeros: "¿Se acuerdan de la vestida? No mames, sí era puto, salió de bato, seguro se cam
bió en el baño". Por lo pronto que me quemé en ese café, no podría ir más, ni de niño ni de niña. Lástima, me gustaba, era tranquilo para leer y a precios razonables, solo y con buena luz.

Regresé caminando, pero no me sentía a gusto, y no por el dolorsillo en los músculos tibiales que te queda después de caminar mucho en tacones, ni por la cita (maskin) con la que me sujetaba el pecho para la impresión de senos. Era como una sensación de vacío, de "¿Y ahora qué?"

Tuve algo de suerte, pues en el camino de regreso al metro, a pesar de mis lentes de ciego (los mismos de la salida pasada) Me encontré con un tesoro. No, no eran unos lindos zapatos de tacón, sino algo más satisfactorio: una librería. Una librería de libros usados, viejos, con el olor que solo ellos pueden tener. Miles de libros. No pude más que echar un vistazo. Acabé comprando dos,
uno de Descartes y otro de Dostoievski (mala opción si para salir de un vacío y sinsentido, pero nunca he leído nada de él y quiero hacerlo ahora).

Regresé silbando y cantando canciones reflexivas.

Resumiendo: Llamé la atención, me quemé en el café, me quemé con algunas vecinas (que igual no me conocen), me hice una ampolla en el pie, me quedaron quemaduras por la cinta en el pecho (muy obvias que será imposible explicar mañana en mi curso de natación), se me arrugó la ropa. No estoy seguro de si la hice bien. La falda volaba con el viento. Pero encontré dos libros (que pondré en la fila). ¿Día malo? Yo no diría eso, pero definitivamente pudo ser mejor.


Queda abierta la duda, y el hueco aun vacío.





Epílogo: Sé que puede llenar ese vacío, pero no estoy dispuesta a aceptar.


lunes, 9 de mayo de 2011

Cambio de identidad

Tema recurrente en las películas es el intercambio de identidad. No recuerdo ninguna caricatura que halla visto de niño que no dedique un episodio entero al respecto. También es muy común en blogs como los "captions" donde el chico, por angas o mangas se convierte en chica o cambia con su hermana, o lo que sea.

La idea es simple. Un hombre y una mujer (puede ser un rico y un pobre o una madre y si hija), que no se entienden, por una fuerza externa se pasa la mente de uno al cuerpo de otro, aprenden una importante lección de vida, y al final regresa cada quien a su cuerpo.

A peasr de ser una idea tan popular, es, hasta donde yo se, imposible este tipo de cambios. Esto hace que los mecanismos de dicho cambio sean múltiples, variados y algunas veces hasta creativos.

Casi siempre influye un Totem, un objeto vístico, una estrella fugaz, una china con palabras mágicas, un bruja, una fuente de los deceos. En fin un sin número de explicaciones ilógicas incluso pensando en la mágia (único suceso mágico forzado e injustificado que hace posible el continuo de sucesos).

Puede ser también un artilugio tecnológico el que propicie este cambio. Otra opción muy solicitada es la de el dizfrás que trae con ello un cambio más posible, pero menos eficaz, pues a pesar del maquillaje cinematográfico, se sigue notando que el hombre es hombre y la mujer mujer.

Creo que el mecanismo que me parece más convincente, y más bonito es el planteado en la novela El Tercer Ojo, donde un monje tibetano, Lobstan Rhampa, viejo y agonizante, intercambia su cuerpo alma con la de un hombre americano que no deseaba vivir más. Esto tiene un sustento cuasi ideológico que sustenta en toda la obra y que en el contunuo que plantea no es solo posible, sino que es incluso lógico.

A pesar de ello, este tipo de películas seguirán existiendo, haciéndose la misma una y otra, y otra y otra vez. Nos encanta la idea, y la hemos soñado 500 veces. Despertar y ser una mujer. Necesitamos formar una unidad argumental lógica para este sueño.

Ya verán, pronto haré un caption bien organizado, donde el elemento del cambio sea lógico.

Mis mejores deceos.

miércoles, 6 de abril de 2011

Mi segunda salida, segunda parte




Ahora contaré lo que ocurrió al bajar del taxi tmblando y entrar al cine. Si ustedes conocen la cineteca nacional sabrán que no es de estos nuevos cines comerciales, sino un cine más clásico, con un patiecín donde puedes esperar a que inicie tu función. Yo, al llegar a este patiecito lo primero que hice fue ir al baño, y no es que tubiera ganas, sino que ya no aguantaba las mayas, y creí que sin ellas podría caminar mejor. Así hice fila y entré al baño, me quité las mayas, me labé las manos, me miré al espejo (aunque no recuerdo del todo mi reflejo) y salí al patio de nuevo. Me senté en una jardinera, bajo un arbol, saqué una revista y comensé a leer mientras esperaba. A mi lado, una pareja de jovenes hablaba de como les había ido en el día. A nadie pareció incomodarle mi presencia, me sentía cómoda.

Se hizo hora de entrar a la función, y así lo hice. Aun tambaleando entré a la sala y me senté en uno de los lugares de en medio, y mientras esperaba a que comenzara la película un hombre de al rededor de cuarentaitantos años, vestido casual, con un bigote encanecido y un sombrero de Giligan. Me preguntó: "¿Hay alguén ahí? ¿Me puedo sentar?" Él se sentó y preguntó: "¿Sabes cuanto dura?" Yo no lo sabía, así que dije susurrando que no. Él sacó su programa y dijo que duraba como dos horas. Luego me preguntó si venía sola, le contesté que sí, se acercó junto mi butaca. Preguntó si estaba subtitulada, yo contesté: "Espero que sí, mi tailandés no es muy bueno". Luego él se presentó, dijo que era algo así como columnista de canal 11, y me preguntó: "¿Tabajas en los medios?" Yo, en mi afán monosilábico respondí que no. Insistió en preguntar a que me dedicaba. Le comenté que era médico.

Pasa algo curioso cuando le dices a algún nuevo conocido que eres médico o que estudias medicina, incluso si estás en primer semestre o entraste ayer a la carrera: Te comienzan a mostras sus granos, bolitas, manchitas, y demás defectos dermatológicos. Esta no fue la excepción. Este hombre, cuyo nombre no diré, no por no quemarlo, sino porque nunca hice por recordar su nombre, me mostró una bolita que tenía en el cuello. "La había tenido hace unos meses, pero se me quitó, ¿qué crees que sea?". Yo, haciendo uso de una inapropiada propedéutica, palpé su "bolita" sintiendo una consistencia blanda y dando la más esperada respuesta: "Probablemente sea grasa".

Por suerte inició la película, porque en verdad no quería seguir palpando bolitas ni cotorreando señores. Fue una película lenta y rara, de arte, con hombres-mono del bosque, fantasmas, y espíritus del pasado cenando tranquilamente con un enrermo renal próximo a morir. Lo más interesante fue una princesa vieja y fea que se enamora de un pez gato, después, como diría Joaquín Sabina "que te folle un pez". Yo por lo pronto, pensaba la manera de escapar del viejo, pues ya me había invitado a ver otra peli, y aunque me había negado, seguro me invitaría un café o peor, se ofresería a llevarme a mi casa.

Pensé en varias maneras de escapar. Una era lebantarme más o menos cuando se fuera a terminar la película y decir: Voy al baño. Una vez en el baño cambiarme, y no volver a ver al hombre en mi vida, pero quería ver como terminaba, aunque fuera lenta y rara, a demás nunca sabías si ya iba a acabar o no. Entonces pense en hacer lo mismo, salir juntos y yo regresar al baño y cambiarme, etc. Pero nos sacaron por una puerta diferente, así que tube que improvisar.

Me acompañó a la salida y me volvió a invitar un café. Me negué y le dije: Voy al baño. El dijo: "Te espero", no debió decirlo. Entonces aun tambaleando, me formé en la fila del baño, escuché risas atrás de mi y tal vez burlas, las sentí personales, pero estaba muy cansada ya. Por fin me tocó entrar al baño, tomé mucho papel, entré y me senté sobre la tapa. Estando ahí me tranquilisé un poco, revisé las cosas que llebaba en mi morral, saqué mi espejo de mano y me empesé a desmaquillar. Había olvidado la crema, así que lo hice solo con papel. Me quité la peluca, el vestido, el bra, me quité las cintas que ajustaban los lugares ajustables y demás trucos, me quité por fin los tacones, desabroché la faja (aunque me la dejé puesta). Me miré y remiré en el espejito de mano hasta estar satisfecho (ya en masculino) y seguro de que no se notaba nada, me alboroté el cabello y me puse unos lentes oscuros, casi negros. Mientras tanto, el resto de las mujeres habían salido del baño y una señora hacía el aseo, y no dejaba que nadie más entrara. Yo guardé todo en el morral y abrí la puerta. Fue divertida la reacción de la mujer del aseo, que me vió y me dijo "Este es baño de mujeres", yo esbosé un "sí ya se, ya voy". Me labé la cara para quitar lo más que pudiera del delineador y me mojé el cabello. Ya no quedaba rastro de la rubia que hasta hace un momento había llamado la atención de todos.

Salí del baño a toda prisa. No se si el gentilhombre que había acompañado a Lourdes en la función seguía ahí esperando. Me hubiera gustado ver su rostro, pero no pude, en parte por temor a que me fuera a reconocer si me ponía a buscar su rostro, pero más que nada porque los lentes oscuros no me dejaban ver absolutamente nada, ya era tarde.

Salí del cine rapidamente contento y emocionado. "Misión cumplida" me dije a mi mismo. Caminaba torpemente, pero me encantó ya no tener que guardar la pose, y caminar como pato si se me antojaba. Me fui cantando hasta el metro.

El resto del camino fui feliz, siendo yo de nuevo, y sabiendo que un día, saldría de nuevo la rubia Lulú.

martes, 15 de marzo de 2011

Segunda salida, Me fue mejor


Lo que ahora contaré es cierto, me pasó justo el 8 de marzo del 2011, fecha tal vez providencial, pues no todoas los martes de carnabal se presentan en día internacional de la mujer. Después del martes de carnabal viene el miércoles de ceniza, inicio de la cuarezma, ese tiempo de reflección, arrepentimiento, ayuno y abstinencia. Yo me abstendré del crossdress durante este periodo, no me cuestionen las razones ni la moralidad o no de este bello acto humano, lo haré para refleccionar.

Pero no nos desviemos del tema. Era la última oportunidad de salir antes de mi régimen autoimpuesto, así que decidí hacer del martes de carnabal lo que antiguamente se hacía en esta fecha. Los antiguos cristianos aprovechaban la fiesta de la carne, carnabal, para hacer todo lo que no podrían hacer en épocas más reflexivas, había que entregarse a los placeres prohibidos. Por medio del face le pedí a todas mis amigas capitalinas, ya que acá ando, que me acompañaran a salir, sin embargo nadie podía o quería. Mi salida era imposponible, así que decidí salir sola, y sin cámara, ya que no tengo. Estaba descidido, saldría, y lo haría bien. Primero a la plaza, luego al cine.

Un día antes me depilé, y me probé todo lo probable para llebar al día siguiente, encotrando que no quedaba muy bien casi ningún atuendo, nunca la blusa con los zapatos, total, me decidí por llebar un vestido azul, mayas negras y zapatos beiges. Quedaba bien. un par de ensayos de maquillaje y todo estubo listo.

El día D, 8 de marzo, saliendo del trabajo, al rededor de las 2, llegué a mi depa y comí rápidamente. No sabéa exactamente cuanto tiempo tenía antes de que alguno de mis roomes llegara, y era imposible permitirles verme así de linda. Así que me apuré todo lo que pude. Me encinté, me cambié, me maquillé, me puse la peluca, que tarde en peinar, y acabé dejándola algo suelta. Luego improvisé un bolso con mi viejo morral, le puse un cambio ligero (pants, chanclas y una camiseta) para la destransformación, unos lentes oscuros, maquillaje, llaves y cartera. Me pasé mucho tiempo buscando las mayas negras, en todos lados y al fin las encontré bajo la almohada. total, me preparé y salí corriendo, no hay nada peor que encontrar a un amigo al otro lado de la puerta.

Salí con toda naturalidad, paso tras paso, clac clac clac. La gente del coto se me quedaba viendo, pero con naturalidad, encontré unas niñas entrando al coto, pero no parecieron inmutarse. Buena señal. Salí a la calle y tomé un taxi. "A perisur" dije con voz extraña, aun no me sale la voz del todo, aunque creo que es más por falta de confianza que otra cosa. Llegué a la plaza y bajé del taxi. En la puerta había unos policías, por algunos momentos pensé que me detendrían y me dirían, lo siento, no se permiten gentes como tú acá, pero recapacité y pasé como si nada. Una vez dentro me dirigí como es lógico a la zapatería más cercana, procurando mirarme en cada espejo y vitrina que pudiera reflejarme. Me gustó como me veía.

Me probé un par de zapatos, los pedí en 6 y medio, aun así me quedaban muy bien. Salí a otra zapatería y a otra más, hasta llegar a Palacio de Hierro. Vi zapatos hermosos y me boté de risa al ver los preciso, unas botitas en 15 mil pesos, en oferta. Vi unos rojos, pedí un par en 7, me dijeron que era único par y era del 40. Me lo probé. Se veía hermoso, alto, rojo, satinado, estilizado. De haber tenido 4 mil pesos, los hubiera comprado. Seguí caminando y entré a otra zapatería, más casual. Vi unos zaptos que me gustaron mucho, azules, con muy poco tacón, 3 o 4, vi que costaban 250, superpresio, pedí unos del 40 y me apretaron un poco, me trajeron unos del 41 y me quedaron superbien, comodísimos, más que cualquier zapato que halla usado antes. A punto ya de compralos pregunté el precio, 2 250, me dijo la señorita. ¡Qué embarasozo cuando no ves la primer cifra! Pero de haber tenido 2250 pesos en mano, juro que me abstendría de alimento por un mes con tal de comprarlos.

Entré después a una tienda de bisutería, vi aretes lindos y bandas para el pelo, bolsos que me hubieran sido convenientes, aunque sin dinero no se pueden comprar. Vi un cinturón ancho, como una faja, color rojo. Me lo probé, la dependiente me dijo: te estiliza la figura. No supe como tomar eso, ¿a qué se refería? acaso mi figura necesitaba estilizarse, jaja. Tampoco la compré.

Por los pasillos la gente me miraba, algunos se dieron cuenta, claro, pero no me molestaba más que lo hicieran. Me sentía cómoda caminando por la plaza, aunque sentía la necesidad de entrar a otra tienda y sentarme un rato, me empezaba a cansar. Entré a la última zapatería, me probé unos zapatos blancos del 10 y pedí unos azules que no había. Es feo que te pregunten: ¿Como te quedaron?, no puedes contestar: superbien, los siento comodísimos, pero igual no los voy a comprar, de hecho no pensaba hacerlo, solo quería ver como me quedaban. Así que fingí que solo estaba interesada en los azules y me fui.

Me senté en una banca, era hora de ir al cine, no en perisur, sino en la cineteca nacional, donde es más barato y estaba la película que quería. Así que tomé otro taxi y me dirigí al metro. Subí las escalera de metro CU, sin mayor problema, y al llegar a los andenes paso lo esperado. Había una frontera que jamás antes había cruzado, ahora estaba congelada tras la valla de "Exclusivo Mujeres". Dudé por un rato, pero finalmente pasé ese primer límite, llegó el metro y pasé, alcancé lugar. Fue una experiencia algo extraña, un vagón donde todas eran mujeres (o casi todas, jiji). Me recordó en cierta manera un cuadro que está en un cuadro enorme de un cuadro en el Café Madrid, llamado "La ciudad de las mujeres", y es presisemante eso, un pueblo con solo mujeres. No parecía llamar la atención. Bajé en la estación de colloacán y tomé un taxi. El taxista me cobró muy caro, pero es mejor que caminar. Al bajar del taxi sucedió una desgracia, jaja, tambalié, casi caigo. Sentía débiles mis piernas, no podía caminar bien, estaba cansada. Adios elegancia y autoconfianza.

El saber caminar en tacones es un elemento central para personificar a una chica. Silogismo: Las mujeres saben caminar en tacones, Los hombres no saben caminar en tacones, Esa chica (?) no sabe caminar en tacones; por lo tanto... saquen sus conclusiones. Dicho de otra forma, una chica alta llama la atención, pero una chica alta que tambalea con sus tacones crea sospechas. Total, compré mi boleto. Quería ver la película de "La leyenda del tío Boonmee".

En el cine conocí a un hombre. Bueno, de esto les cuento en la proxima vez.

viernes, 11 de febrero de 2011

Mujeres que se pintan

http://www.youtube.com/watch?v=HfekjhCKI98


El baile, que no es sino música en movimiento, siempre fue la pasión de Víctor y cuando se enteró de que en la secundaria Niña del Carmen había un buen taller de danza no dudó en entrar a dicha institución. Esa escuela era dirigida por religiosas guadalupanas, siendo directora la Madre Berta, una mujer con cara de perro bulldog (según los alumnos) y carácter duro, casi militar.

Había dos clases de artísticas, dibujo y danza. La mayoría de los chicos elegían dibujo y pocos eran los que elegían danza. A demás de Víctor solo había otro hombre en la clase, Carlos, que solía dormir en todas las clases sin que la profesora le dijera nada, jamás aprendió a zapatear. Víctor en cambio era dedicado, rebasaba en técnica y en interés a sus compañeras. Cuando uno ama lo que hace se hace fácil. Llegó el momento de la primera presentación para día de las madres, obviamente Víctor quería participar, pero la maestra eligió un número solo de mujeres.

-Maestra, quiero participar -le pedía.
-¿Y qué quieres que haga? No se ve bien una sola pareja -era la contestación que siempre daba.

Víctor tuvo que afrontar la realidad, ser el tramollista oficial del grupo A, mientras que en el grupo B, con más hombres en el taller de danza, bailaban Jalisco, incluso la danza de los machetes.

Pasó el tiempo, y Víctor se resignó a ensayar para una presentación en la que nunca estaría.

Un día, en segundo año, la maestra comenzó a ensayar bailes de Yucatán. Yucatán es un estado muy alegre y se refleja en su baile folklórico, con canciones movidas y trajes coloridos. Las mujeres usan un huipil blanco, con flores de colores bordadas y un reboso; los varones, guayavera, generalmente blanca, pantalón blanco, sombrero de palma y unas sandalias de madera conocidas como "chillonas", por el ruido que hacen al caminar. De cualquier manera Víctor no usaría las chillonas, pues ya sabía que de nuevo sería baile para sus compañeras.

Estando ensayando una canción llamada Mujeres que se pinta, muy alegre, que se baila con una pañoleta, a Victor se le ocurrió hacerse el gracioso y comenzó a bailar como Cantinflas, meneándose aquí y allá, dando saltillos mientras tomaba a sus compañeras como pareja. A todo el mundo mató de risa, incluyendo a la maestra, a la cual le causó tanta gracia que decidió meterlo en el número.

A Víctor no le pareció la idea de principio, se le hacía humillante ser un payaso mientras los del grupo B bailaban un huapango Potosino o una polca Regiomontana. Pero desde otro punto de vista, iba a bailar, se iva a presentar ante un público. Eso ya era algo.

El festival del 10 de mayo fue un éxito, en parte por que pudo hacer sonreír a la madre Berta con el cadencioso movimiento de caderas del mimo de México. Gustó tanto que fue el grupo elegido para participar en el concurso nacional de danzas folkloricas interescuelas, que se realizaría en las vacaciones de verano.

El cuarto de danza, un pequeño curato que tal vez antes sirvió de patio, servía también de vestidor. Adriana Fabiola, una de las más guapas bailarinas, compañera de Vítor se le acercó.

-Como ves mi Viki -le dijo mientras se quitaba el estorboso huipil-, fuiste todo un éxito.
-Pues sí, aunque me hubiera gustado bailar la danza de los machetes -contestó él.
-¿Para cortarte un dedo como Raúl? -hizo una mueca burlándose y sonriéndole agregó-. Acuérdate que nosotros iremos al interdanza y ellos no.

El año terminó sin más miramientos y comenzaron los ensayos intensivos. A pesar de la corta aparición que representaría, Víctor estaba feliz de poder viajar con el grupo. Seguía siendo el tramollista oficial.

Legó el gran día. Viajaron hasta Durango, donde se realizaría el concurso. Al llegar al teatro la maestra dio unas palabras de aliento:
-Tranquilas niñas, representan a la mejor escuela en cuanto a danza se refiere, salgan a divertirse, y no vuelvan sin el primer lugar. -Giró la cabeza y gritó-: ¡Víctor, baja los cajones del camión! ¡Apúrate que no tenemos todo el día!

Para los que no sean doctos en la materia, es bueno aclarar que en el baile de Yucatán se usa una caja de madera de al rededor de 35 o 40 cm cuadrados de superficie donde bailan los danzantes con vasos o charolas en la cabeza mientras levantan los brazos. No es tan fácil, sobre todo porque es el zapateo es muy rápido, sin embargo Victor se jactaba de poder sostener una charola con 6 vasos y una botella, todos servidos, sin derramar una gota. Nadie lo quiso retar.

-Te ayudo con los cajones -se ofreció Adriana.
-No Adri, yo los bajo todos- contestó Víctor que llevaba los cajones de dos en dos.
-¿Crees que no puedo? -dijo enfadada mientras tomaba un par de cajones.

Hubiera sido mejor que le tomara la palabra a Víctor, pues al tercer paso se resbaló, golpeando su pierna con el cajón.

-Ay! No me puedo levantar -Gritaba Adriana mientras la ayudaban a sentarse.
-¡Se rompió algo! -apuró a decir la maestra -¡Ya no podremos participar!

La desesperación corrió entre las alumnas. Unas lloraban, otras se gritaban y otras solo daban vueltas mientras se golpeaban la cabeza.

-Víctor puede suplirme -dijo Adriana aguantándose lo mejor que podía el dolor-. Conoce el baile mejor que yo.
-Pero, pero... -tartamudeaba Víctor.
-¡Buena idea! -dijo otra de sus compañeras- ¡Anda! ¡Baila Víctor, eres nuestra única esperanza!
-Víctor -le indicó la maestra-, no hay mas remedio, o haces la parte de Adriana o quedamos descalificados.

No tenía otra opción, sin embargo, deseaba bailar, pero nunca se imaginó que fuera de esa manera. Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea. Todas se cambiaron, mientras la maestra pintaba a Vítor con el maquillaje exagerado que se requiere en las presentaciones de baile.

-Ojalá no hagas el ridículo -le dijo mientras lo maquillaba-. Si alguien descubre que eres niño será la deshonra de la escuela y quedarás reprobado, ¡Oíste!

Con esas palabras alentadoras aun en la mente salió Víctor al escenario. Los reflectores no le dejaban ver al público frente a él, solo oyó el aplauso y comenzó la música. "Mujeres que se pintan" pensaba, "esta vez no seré payaso". Comenzó a bailar y se olvidó del mundo, era solo él y la música. Se fue aflojando, se fue liberando, ya no era solo Vítor, ahora era también Adriana. Recordaba a su amiga cuando bailaba esa misma pieza y sin pensarlo se movía como ella, con la cadencia de una adolescente. En la siguiente canción subió al cajón y robó todos los aplausos.

Regresaron a los camerinos, donde Adriana los recibió con hielo en una pierna.
-Te ves guapa Viki -le dijo.
-No te burles- le contestó, y volviéndose a la maestra preguntó-: ¿Ya me puedo desmaquillar?
-Ya te he dicho que si descubren que eres niño será la deshonra de la escuela- contestó la maestra en tono serio- hasta que termine el concurso te vestirás de niña, Lorena, préstale tu uniforme.
-No te preocupes Victoria, -dijo Adriana entre risas- te ves guapa.

Aun faltaban dos rondas más y la precentación final, si quedaban entre los tres mejores. Adriana no podría presentarse, por la lesión, dejándole el trabajo a Victor, ahora Victoria, por órdenes superiores.

Como era de esperarse el grupo de danza folclórica Atemajac, llegó a la final. Un día antes Victor acompañaba a Adriana el en cuarto.

-Perdón -dijo Víctor.
-¿Por qué?
-Porque estoy tomando tu lugar, incluso usando tu ropa, mientras que tu estás aquí sin poder caminar por mi culpa.

-Tu me dijiste que no lo cargara -replicó Adriana mientras lo miraba a los ojos-, además así te ves muy bien.

Se dieron un beso, y al poco rato se quedaron dormidos.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Romance del Caballero apurado y la dama del velo

En brioso corcel entrole rallando tan noble soldado que no se ha visto otro igual de gallardo. Cansado tras años de estar en el llano, matando infelices, liberando esclavos, venciendo gigantes regresa cantando: Salid bella dama, que te está esperando, tu fiel caballero, tu amado Fernando.

Pero la doncella no acude al llmado, que no ha respondido ¿le pasa algo malo?

Su guerrero amante se está preocupando, grita a la ventana con tono agravado:
Pero flor del campo, ¿no habeis escuchado? Sal mi prenda amada, que te estoy hablando.
Mira una silueta, de porte entallado, que se está moviendo adentro del cuarto.
¿Serás mi Carlota que se está asomando? Por entre los velos asoma su mano.
Un paño de ceda agita la mano, suave, tierna y clara como por encanto.

No solo la mano quiere el buen Fernando, ha pasado mucho en el despoblado.
-Asomate toda dulce de amaranto, que este día dichoso he de ser tu amo.
Asoma una pierna, con fino calzado, que está rematando un vestido blanco.
-Sal a tu ventana, mi flor de naranjo, ya hace mucho tiempo que te estoy deseando.

Se asoma completa, se va revelando, vestida de novia, con vestido blanco,
el belo en el rostro, el cabello largo, ceñidito al cuerpo, corset entallado.
-Sube caballero te estoy esperando.
Y al acto siguiente regresa a su cuarto.
El buen caballero metiose cantando: Felice la dama que me está esperando.

Afuera un vecino, de aspecto barbado, quien lo ve dijera que tiene cien años.
Pero sabe mucho el diablo por diablo, pero sabe más por ser viejo diablo.
Se pregunta entonces, el humilde anciano -"¿Pero qué Carlota no se había mudado?
Hace ya algún tiempo que se huvo casado con el viejo conde del otro condado.
La fieta costó creo que 10 salarios y todo este pueblo fuimos de invitados.
¿Quien se estará entonces por allá asomando? En la vieja casa solo está el hermano."

Y salen felices los novios montados, vestidos de boda rumbo a los juzgados. La novia quel velo aun no se ha quitado, y el novio que ciego de amor la va abrazando.
¡Qué vivan los novios! les grita el anciano, mientras sus pensamientos sigue masticando.

Caballeros que estéis de amores urgidos, no agan caso omiso a lo que les digo,
noble moraleja tiene mi relato, sin quitar el velo, no cierren el trato.

jueves, 6 de enero de 2011

La destransformáción

Así como la transformación es un proceso largo, digamos un ritual, que lleva sus pasos ordenados hasta llegar al punto que deceamos, la destransformación también tiene sus etapas.

1) MI BELLA DAMA
Esta es la primera etapa, cuando estás aun linda, sin quitarte nada. Es el punto de partida.




2) CHICA SEXY
Esta es la segunda etapa, cuando te quitas ropa y accesorios, pero conservas la ropa interior, la peluca y los zapatos. Por lo tanto te sientes modelo de lencería. (Se recomienda dar unos pasos fingiendo una pasarela).


3) CABALLERO DEL ZODIACO
Ya te bajaste de los tacones, te quitaste la ropa interior y quitaste (en su caso) las cintas que conservan la forma. Ahora ves en el espejo una cara linda, con cabello rubio, largo y lacio, pero con cuerpo de hombre. (Si fuiste fan puedes hacer las constelaciones de alguno de ellos, o bien ponerte a rezar como Virgo)




4) NIÑO EMO
Te quitas la peluca, pero el maquillaje te deja como niño emo. (Puedes hacer una cara tierna y tomarte una foto mirando pa'arriba)


5) CHARLES CHAPLIN
Te empiezas a desmaquillar, al limpiarte los ojos, perdiendo su forma, se vuelve maquillaje de los 40's. El despeinado pelo resultado de la peluca es el complemento perfecto. (En esta etapa es recomendable tomar un bastón y un bombín, haciendo una escena de la Quimera del Oro)



6) La última etapa, es la de muchacho de ojos rojos y pestañas extrañamente oscuras, que no se pueden limpiar de todo. Conviene usar lentes de sol para evitar los comentarios como: Se te ven más claros los ojos; tienes los ojos pintados; o en el mejor de los casos, qué te metiste que traes los ojos tan rojos.

Claro, estas etapas dependen mucho de cada transformista (y su respectivo destransformista) así como del ritual que cada quien use.